Estas pinturas son un homenaje a la vida de las vacas, vida que damos y quitamos, ellas me generan ternura, compasión, protección, encanto; por momentos la mirada se separa de la tierra para ver más lejos y desde lo alto la superficie total, un sustrato geológico permanente y rasgado que muestra
a la vez que conserva lo que emerge desde abajo y la superficie aérea que lo cubre haciéndonos pensar en el tiempo presente, simultáneo y contemplativo de nuestra propia existencia