• Ir y venir 3 – Acrílico sobre tela – 155x174cm – 2012 – Colección privada
  • Ir y venir 2 – Acrílico sobre tela – 150x200cm – 2012 – Colección privada
  • Ir y venir 6 – Acrílico sobre tela – 150x200cm – 2012 – Colección privada
  • Ir y venir 7 – Acrílico sobre tela – 164x140cm – 2012
  • Ir y venir 2 – Acrílico sobre tela – 150x200cm – 2012 – Colección privada
  • Ir y venir 3 – Acrílico sobre tela – 155x174cm – 2012 – Colección privada
  • Ir y venir 4 – Acrílico sobre tela – 150x200cm – 2012
  • Ir y venir 5 – Acrílico sobre tela – 140x180cm – 2012
  • Ir y venir 6 – Acrílico sobre tela – 150x200cm – 2012 – Colección privada
  • Ir y venir 7 – Acrílico sobre tela – 164x140cm – 2012
  • Ir y venir 8 – Acrílico sobre tela – 160x148cm – 2012 – Colección privada

Ir y Venir

Las pinturas de Florencia Sabattini se han desarrollado, en los últimos dos años de un modo, podríamos decir, vegetal. No se malinterprete, les pido. Al decir vegetal, pienso en que como los árboles y vegetaciones que pueblan sus pinturas, se elevan buscando la luz, purifican el aire, tienen una belleza que a veces puede ser áspera, con espinas que defienden, pero se las percibe necesarias, convocantes, y valga el anacronismo, bellas más allá de linduras superficiales.

Enraizadas en sus hábitats principales, la ciudad de Buenos Aires y el campo en Entre Ríos, estas pinturas establecen un diálogo rico en contrapuntos y complementos: el tráfico citadino del paisaje urbano se contrasta con la meditabunda soledad de los cardos entrerrianos, cardos que quizás simbolicen la introspección, la huída al desierto del alma para encontrarse con el espíritu.

Desde el punto estrictamente pictórico, se las podría vincular, a estas obras, con ciertas otras producidas por el Monet tardío del siglo XX por un lado, y con ciertos atisbos expresionistas más contemporáneos. Estos vínculos, que arriesgo a título personal, no devienen de una influencia imitativa, más bien son los rastros, un aire de familia a la que se pertenece por derecho propio, una consaguinidad legítima, para nada impostada. Es también destacable una actitud de humildad (esa virtud excelente, tan subvalorada en nuestra época) frente al trabajo, humildad guiada por la intuición profunda de que el arte es una búsqueda de lo bueno y bello que hay en nosotros mismos y en el mundo terrible que nos rodea, una carencia de soberbia que se aprecia en la franqueza de su búsqueda pictórica, produciendo obras reales, vitales. Poéticas sin pretensión. Aire fresco, que quien contempla y entiende, agradece.

Roberto Scafidi,
Buenos Aires, marzo de 2014

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2012